Vivir entre balas

Por Martín Orquiz/La Verdad

Se nos va 2019. Con el fin de año también se diluyen las esperanzas que nos dio el Gobierno federal con relación a que varios de los conflictos, que enfrenta el país, serían superados a través de las acciones emprendidas por la llamada cuarta transformación. De los gobiernos municipales y estatales, no sobra decirlo, ya estábamos decepcionados.

Antes de que alguien comience a tildarnos de enemigos de López Obrador, pripanistas o nos cuelgue cualquier otra etiqueta, es pertinente aclarar que todos los mexicanos –tanto quienes respaldan al actual presidente de México y los que no– en verdad esperábamos que las problemáticas que nos agobian fueran aminoradas, aunque sea poquito, pero la realidad nos da una cara todavía más adusta que a finales del 2018.

No podemos plantear tampoco que las cosas no se estén modificando, porque el país de alguna forma está cambiando y esperamos que sea para mejorar la vida de quienes habitamos en este territorio, quienes ya hemos pasado las de Caín por varios años.

A través de esta queja, nos referimos específicamente al tema de la seguridad, que a lo largo de los últimos 12 meses nos dio una buena tunda, como para que no se nos olvide que vivimos entre las balas y “cuernos de chivo” que amenazan la integridad de los mexicanos, sin importar que la gran mayoría nos dediquemos a buscar una vida de tranquilidad y mejorar nuestro entorno.

Por lo pronto, hablamos de sólo uno de los delitos considerados como graves, el homicidio. La razón para hacerlo es que se trata del acto ilegal más representativo y material de la criminalidad porque queda a la vista de todos, afecta no sólo a las víctimas, sino a sus seres queridos y hasta conocidos, quienes deben lidiar con el terrible dolor de la pérdida, muchísimas de las veces sin sentido para ellos.

A lo largo del 2019, en todo el territorio nacional se vivieron eventos terribles que terminaron con la vida de miles de mexicanos, muchos de ellos –si no es que todos– sacrificados mediante ejecuciones extrajudiciales, realizadas por quienes al parecer tienen el mando de la seguridad en el país: los grupos armados del crimen organizado.

Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) ponen en dimensión lo que ocurrió a lo largo del periodo que se nos va: durante el mes de noviembre pasado, el dato más actual ya que diciembre apenas concluye, se documentó la comisión de 2 mil 921 homicidios dolosos, además de 74 feminicidios. En total, la cifra de personas asesinadas suma 2 mil 995 en todo el territorio nacional en ese mes.

Del primero de enero al 30 de noviembre del 2019 el número de personas asesinadas alcanzó las 31 mil 688.

A lo largo de ese mismo lapso, pero del año 2018, esa cifra fue de 30 mil 852 víctimas, por lo que podemos establecer que en el presente año mataron a 836 personas más que el pasado. Esas no pueden ser cuentas positivas bajo ninguna circunstancia.

En noviembre del 2019 las entidades que más víctimas de homicidio registraron fueron Guanajuato, con 346; Estado de México, con 245; Baja California, con 229; Chihuahua, con 227 y Jalisco, con 226, indican los datos dados a conocer por el SESNSP.

Colima es el estado que más homicidios registró por cada 100 mil habitantes con 8.9, le sigue Baja California con 6.4, luego Chihuahua con 6.0, después Guanajuato con 5.6 y finalmente Sonora con 4.9.

En medio de este maremoto de violencia, es el estado de Guanajuato el que ocupa el primer lugar en México en lo que respecta al número de homicidios dolosos con 2 mil 865 de enero a octubre del presente año.

Sin entrar en cifras, otros delitos que laceraron a la sociedad mexicana en su conjunto incluyen secuestros, extorsiones, robos con violencia y otros que menguaron el ánimo de los ciudadanos que seguimos aferrados a la esperanza de que todo va a mejorar de alguna forma.

El SESNSP revela además que casi ocho de cada 10 asesinatos cometidos en México fueron perpetrados con armas de fuego, lo que expone el alto número de pistolas y rifles de asalto que están en manos de los criminales y en las calles, lo que indudablemente representa un riesgo para todos nosotros.

Otro dato de interés, en el Estado de México, Guanajuato, Jalisco, Baja California y Chihuahua se concentra alrededor del 53 por ciento de los homicidios contra mujeres.

Atención especial merece Guanajuato, donde la cifra de personas a las que les quitaron la vida de forma violenta aumentó en poco más del 200 por ciento en cuatro años, ya superó en ese rubro a otras entidades que son icónicas en el rubro de la violencia como Tamaulipas y Guerrero.

Un análisis de la organización México Social establece que en 2018 se dio un histórico cambio en ese estado, ya que terminó con una cifra insólita de 3 mil 412 homicidios.

Ese mismo año el Estado de México quedó en segundo lugar con 3 mil 134 casos, Baja California se alzó de forma sorpresiva hasta el tercer lugar con 2 mil 855 homicidios dolosos, mientras que Jalisco subió al cuarto lugar y Guerrero y Chihuahua descendieron a la quinta y sexta posición.

Las cifras funestas siguieron su tétrica danza en 2019 a lo largo y ancho del territorio nacional, mientras los mexicanos seguimos creyendo, y queriendo, que nuestros gobernantes hagan su trabajo para “bajar” del poder a las hordas de criminales que ahora nos atosigan con la impunidad que desde hace años ejercen con descaro.

Podría escribir que los mexicanos deseamos que el 2020, que ya nos toca la puerta para entrar a nuestras vidas, sea uno para el renacimiento de la legalidad y la justicia para todos; pero, la verdad, lo que se ha visto hasta ahora nos hace dudar que algo así vaya a ocurrir en un corto o mediano plazo. Sin embargo, la esperanza prevalece a pesar del tenebroso panorama actual.

A pesar de las negras expectativas, me siento motivado a desearle un muy feliz Año Nuevo y le pido que juntos hagamos lo posible para enmendar nuestras fallas como sociedad, pero también que exijamos a nuestros gobernantes que hagan lo propio con su responsabilidad. Que así sea.

Editorial compartida por La Verdad, de Juárez, Chihuahua