Sí a las migraciones

Por Jesús González

Nuevo León podría ser como Nueva York o como París, o como Suecia, si hablamos de países, si tan sólo se canalizara sabia y humanamente la enorme migración nacional e internacional de las últimas décadas.

La historia de la ciudad no puede seguir ocultando la aportación de sangre, sudor y lágrimas de cientos de miles de personas que decidieron migrar hacia la monstruosa Área Metropolitana de Monterrey.

El llamado “chip regio” -Primavera Regia Pospuesta dixit, Multiforo Cultural El Puente, 2015 - que creó una identidad artificial funcional a los intereses de los empresarios, es importante que hoy sea jubilado. Alguien o ‘alguienes’ tendríamos que empezar a replantear muchas cosas con una visión integral de la migración ¿quiénes son?, ¿cuántos son?, ¿de dónde vienen?, ¿qué estudiaron?, ¿de qué edades son?

Veamos, en los últimos diez años, tal vez doce, hemos recibido una migración enorme de tamaulipecos y coahuilenses que escapaban del terror de la guerra del narco en ciudades como Monclova o Reynosa o, ni que decir, de municipios rurales fronterizos. Seguimos recibiendo la potente migración de los estados del centro del país, particularmente San Luis Potosí y Veracruz. En los últimos años se ha incrementado la llegada de personas de los estados occidentales del país conforme ha crecido la violencia en ellos – Guerrero, Michoacán y en menor medida Jalisco, Colima o el Bajío – pero este esbozo no para aquí; hay una parte importante de migraciones con medios y altos niveles económicos que vienen, a veces de Sonora o de Ciudad de México o de Chihuahua, que son profesionistas o empresarios y que nutren la economía estatal que, a pesar de todo, se mantiene con un nivel de consumo muy robusto. Somos el primer lugar nacional en consumo de cervezas y refrescos, por ejemplo.

No, no todos los que migran a Nuevo León son “chiriwillos”, esa forma despectiva que crearon los regios para discriminar y que al final será una identidad de orgullo, estoy seguro, y trabajaremos para eso, pero no todo para aquí…

Hay un elevado número de migrantes de otros países en el presente del estado: miles de centroamericanos que llevan muchos años viviendo ya entre nosotros y que, incluso pasan por mexicanos - como el dueño de una tiendita en la calle Villagrán, o Javier, hondureño que ya tiene una familia mexicana y se dedica a la albañilería, o como las colonias de cubanos o de hondureños en el municipio de Guadalupe, o como las y los venezolanos que huyeron de su país, pero que tienen la capacidad económica para instalarse en Contry o la zona Tec (y van a llegar más); o las migraciones profesionales para empresas a nivel directivo, o para las universidades, ya sea como alumnos o como maestros. También están las ya clásicas migraciones de chinos que ponían sus restaurantes y que luego jalaban a otras y otros chinos para expandir sus negocios y claro, en los últimos años, la enorme migración coreana que se va instalando en la zona de Pesquería.

Aún con todos los problemas que ocasiona el que distintas culturas interactúen en un espacio territorial, lo cierto es que Nueva York o París o Suecia han logrado que sea benéfico para su desarrollo en todos los aspectos, desde el económico hasta el cultural, vaya, incluso Australia o Canadá fomentan la migración hacía sus países de manera ordenada, pues son conscientes de sus carencias en muy diversas áreas o que tienen territorios muy despoblados ¿Nuevo León no podría hacer algo parecido? ¿No queremos, no sabemos o no podemos?

Bueno, es entendible que ese “chip regio” haya sido funcional a quienes quisieron crear una imagen de Nuevo León estilo estadounidense, pero, al rascarle un poquito, saltan tremendas contradicciones que destruyen el castillo de naipes.

Pondremos dos personajes como ejemplo de la contradicción. Una de las figuras más admiradas por el “chip regio” es sin duda el General Bernardo Reyes Ogazón, símbolo del desarrollo de Nuevo León durante el porfiriato y de mano dura con la forma en que se deben llevar los asuntos públicos, vaya, que incluso el gobernador Rodrigo Medina colocó su retrato en la oficina principal de Palacio de Gobierno a manera de guía y homenaje.

Pues bien, creo que Don Bernardo no es una buena base para el orgullo regionalista que discrimina, pues – tomen sus pañuelos – la historia real nos dice que fue enviado desde su natal Jalisco por Porfirio Díaz, para someter a Nuevo León a la obediencia del gobierno de la Ciudad de México (cosa que sí logró, nota para los regionalistas) y desplazar el cacicazgo del General y Héroe de las Armas nacionales, Jerónimo Treviño.

Don Bernardo tenía cosas buenas, como todos, una de ellas era su honestidad, por tanto, no es un ataque a su persona, sino a la debilidad con la que se construye la identidad del “chip regio”; incluso deberíamos estar enterados todas y todos del cubano que fue gobernador del estado dos veces y defensor del país frente a innumerables invasiones extranjeras. Si Don Pedro Ampudia viviera hoy en el discriminador Nuevo León, dudo mucho que decidiera jugársela por nuestra bandera.

Otro de los personajes adorados en buena parte de Nuevo León y que quizá hoy no podría tener el éxito que tuvo, es José Fidencio Constantino Síntora, el “Niño Fidencio”.

Aunque las nuevas generaciones ya no saben tanto de él, éste logró crear toda una variante de la religión cristiana con miles de fieles en México y el mundo, en sus mejores momentos y recibió visitas como la del Presidente Plutarco Elías Calles, por ejemplo. Aún hoy, dos veces al año, el pueblo de Espinazo se llena de gente para recordar a Fidencio y pedir a las “cajitas” curaciones (personas que se asumen como reencarnaciones de Fidencio y son las y los sacerdotes del rito), pues bien, tendremos que decirlo, el Niño Fidencio no es de Nuevo León, es de Guanajuato, incluso la hacienda donde oficiaba y curaba era propiedad de un alemán y la conclusión es la misma, es muy probable que si hoy Fidencio empezará su labor no lo bajarían de “chiriwillo”.
Nuevo León tiene todas las herramientas para ser el primer estado en México que salga de la Guerra contra el Narco hacia una Paz con Justicia y Dignidad, pero tiene que escoger entre los prejuicios del “chip regio” que lo trajeron hasta aquí, o en crear una nueva y ejemplar forma de relacionarnos entre culturas de todo el mundo, y entonces sí, enriquecer nuestra cultura volviéndola cosmopolita.

Las migraciones ya están aquí y no se irán, al contrario, seguirán llegando. Yo prefiero mil veces que celebremos el Año Nuevo Chino con una semana de festejos, o bien, la Independencia de los países hermanos del Centro y Suramérica, o las fiestas tradicionales del Altiplano Potosino, o de la hermosa Huasteca, y eso atraiga turismo.

Yo prefiero mil veces que aprendamos las festividades de los coreanos o de las y los cubanos y las compartamos para enriquecer la gastronomía - claro que también podríamos celebrar con nuestros tamaulipecos “El día de la Torta de la Barda” o “El día de las Flautas auténticas con tortilla de harina” – o que un día hagamos la Guelaguetza con el apoyo de los oaxaqueños que viven aquí.

La historia la hacen las personas. Avanzar de la multiculturalidad a la interculturalidad.