Un proceso incorrecto que derivó en 12 años en el Topo Chico

Por 12 años, madre e hija compartieron una celda en el penal del Topo Chico, tras firmar una declaración que las responsabilizaba de asesinato. Trabajo realizado por Verificado MX y Norestemedia.

Por Daniela Mendoza Luna y Melva Frutos Ayala

“Fírmale, fírmale, ¿cómo quieres encontrar a tu hija?, no sabes lo que le va a pasar sino le firmas, ¡fírmale!”, le decía el agente ministerial a María* antes de azotar su cabeza contra la mesa donde se encontraba la declaración en la que se reconocía culpable de homicidio.

Ella firmó con una acotación, señalando que “no estaba de acuerdo”, los oficiales de la Agencia Estatal de Investigaciones de Nuevo León rompieron la hoja y le trajeron una nueva, acompañado también con renovadas amenazas: “Ahí está la vieja (su madre) ¿quieres que también la dejemos aquí o se va ya con ti niña? Tú dinos que quieres”, y un nuevo golpe.

Al mismo tiempo, en la oficina contigua, Isabel*, la madre de María, recibía el mismo trato: “si no firma, ahorita nos llevamos a su nieta allá abajo, usted sabe que lo que le pase aquí, nadie se va a enterar, así que fírmele, usted sabe cómo la quiere encontrar, golpeada, violada o muerta, así que usted fírmele ahí”.

Fueron 12 años los que madre e hija compartieron una celda en el penal del Topo Chico, en Monterrey, tras firmar una declaración que las responsabilizaba del asesinato de Manuel*, el esposo de María, quien fue apuñalado en una riña.

A María e Isabel, las acusaron de mandarlo matar simplemente por que la mujer conoció días antes al asesino de su esposo, quien aun está en prisión por los hechos.

Consuelo Bañuelos, directora de la organización Promoción de Paz, y quien ayudó a María a salir de prisión y obtener de nuevo su empleo, explica que el fenómeno de madres e hijas en los reclusorios del país es muy común, pues durante la investigación, los agentes ministeriales utilizan este vínculo para forzar declaraciones y “cerrar casos”.

“Si nos ponemos a investigar en otros centros penitenciarios femeninos del país, nos vamos a encontrar este fenómeno, por así decirlo, madre e hija. Las personas que están investigando suelen inculpar también a las madres y la madre como lo refería anteriormente, pues lo que quiere es salvaguardar a su hija, protegerla, se echa la culpa a veces de lo que no es, se pone nerviosa, las amenazan, son altamente vulneradas las madres tanto de adolescentes, como de mujeres adultas”.

“Entonces, no es un caso aislado, eso es lo preocupante, que la señora haya estado es sumamente lamentable, sin embargo, como te comento, no es un caso aislado, son amenazadas: ‘Ah, entonces a usted también me la llevo, usted échese la culpa y le dejó libre a la hija’”.

Cuando María y Manuel se ascentaron en Monterrey, su vida de pareja se deterioró notablemente; procedentes de la ciudad de México, habían cambiado de residencia con la intención de dejar atrás la muerte de su pequeño de tres años de edad e iniciar una nueva dinámica, en una ciudad que ya era bien conocida por Manuel, pues cuando estudiante de medicina, realizó su residencia en la clínica 33 del Seguro Social.

A los pocos meses, María comenzó a recibir maltrato de su esposo, primero violencia psicológica y después patrimonial, un día se enteró de que él tenía otra relación. Sin conocer a nadie en la ciudad, acudió por asesoría legal al Poder Judicial del Estado, pero le dijeron que necesitaba “testigos” de lo que señalaba.

Los servicios de la casa, las tarjetas de crédito e incluso los vehículos estaban a nombre de María, por lo que ella tenía que realizar los pagos y además convivir con su esposo en el trabajo, quien le solicitaba dinero o que “le dejara la casa”. Los ataques escalaron a lo físico pero sus heridas no eran graves, y la orden de restricción que solicitó a las autoridades, no procedió.

Un día, la contactó Ricardo*, quien había tenido una relación con la actual novia de su esposo. Estaba celoso y le propuso que le dieran un “escarmiento”.

María creyó que Ricardo* sólo hablaría con él, no pensó que los hechos terminarían en un homicidio y mucho menos que sería inculpada por ello.

“Esta persona llegó, discutieron, hablaron, pero esta persona traía una navaja. Pelearon, y fue como mi esposo falleció”, recuerda.

Señala que de inmediato dio aviso a la familia de su esposo, y que ellos fueron quienes desde el prinicipio la inculparon de los hechos, por lo que ella solicitó la presencia de su madre, quien acudió acompañada de su hija adolescente, Mariela*, quien entonces tenía 14 años.

“Esta persona volvió a asegurar que sí le pagué, que sí todo, y nos dicen que mi mamá y yo (ordenaron el homicidio), les digo no, es que mi mamá acaba de llegar, llegó ayer por todo esta situación, pues también el señor éste dijo que también conoce a mi mamá y que también le había pagado.

“Ya después a mi hija me la mandaron al DIF, sin preguntar más, sin nada, se quedaron con ella, me la mandaron al DIF con una hoja que decía que era maltrato infantil, que no sé qué, que no sé cuánto, me la llevaron al DIF.

"Hablé con mi hermana y mi hermana tuvo que viajar desde México hasta acá para poder recuperarla y se la entregaron a mi hermana mes y medio después en el DIF”, relata.

Durante el proceso legal, María se enteró de que su esposo tenía al menos otros tres matrimonios; uno en Tlaxcala, dos en Nuevo León y el de ella en ciudad de México. El fiscal utilizó estas actas como prueba en su contra, afirmando que eran el “motivo” por el cual se asoció con Ricardo para dar muerte a Manuel.

Toda el caso contra María se sustentaba en los matrimonios previos de Manuel, y la conversación que tuvo con Ricardo, el asesino, quien declaró reiteradamente que estaba involcrada, al igual que Isabel, su madre.

La declaración del homicida, quien sigue en prisión, sirvió a la autoridad incluso para detener durante 4 meses al padre de María, a quién también incriminaron.

La hija de María pasó 1 mes y medio entre el DIF de Nuevo León y el de Pachuca, sin poder ver a su madre o a algun familiar cercano, hasta que finalmente fue entregada a una de sus hermanas y posteriormente a su abuelo, con quien vivió la mayor parte de estos últimos 12 años.

Las secuelas en la vida de la joven son evidentes, su desarrollo psicosocial no fue el adecuado, su madre dice que a sus 25 años, es como “una niña”. No logró concluir la educación media superior, y hasta hace unos meses no se sabía mover sola en la ciudad, temía realizar cuestiones tan básicas como tomar un camión o seguir una dirección.

Las consecuencias en la vida de la familia de María fueron imediatas, y es que a decir de Consuelo Bañuelos, las determinaciones que toman las autoridades no se fundamentan en la situación social de hombres y mujeres, no las manejan ni las juzgan con perspectiva de género, causando graves problemas en el entorno.

“El hombre privado de libertad sí causa una situación económica grave a la familia, porque generalmente estás hablando que era el proveedor, quien llevaba el dinero; eran quienes aportaban económicamente a la familia, pero pues en esta sociedad en donde la base de la familia está apoyada en la mujer, cuando la mujer es llevada a un penal, prácticamente la familia se desintegra, los niños, las niñas, quedan en la nada”.

Desde 2013, el Poder Judicial de Nuevo León cuenta con la Unidad de Género, y desde 2016, tras la jursipruencia 22/2016 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el protocolo para juzgar con pespectiva de género se vuelve vinculante y de obligatoridad.

Mirna Elia García, titular de esta dirección señala todo el personal del Poder Judicial del Estado recibe esta capacitación dentro de lo que se conoce como “Carrera Judicial”; en un módulo específico, tratan temas sobre la perspectiva de género en la función jurisdiccional y el lenguaje incluyente.

“No es fácil, porque tenemos que, podríamos decirlo en una frase muy concreta, nuestro derecho es patriarcal, sí, sí vivimos en un sistema patriarcal y de la socialización surge un derecho positivo vigente, bueno pues, nuestro derecho está impregnado de este sistema patriarcal por estereotipos y roles de género; la jurisprudencia le llama preceptos normativos neutrales”, explica.

En el informe de labores del Tribunal Superior de Justicia de Nuevo León 2017-2018 se señala que: “En la resolución de los casos que se conocen en nuestros tribunales, los criterios para juzgar con perspectiva de género se han propagado a todas las materias. En el período que se informa se identificaron 25 sentencias con perspectiva de género pronunciadas por los juzgadores del Poder Judicial”.

La funcionaria del Poder Judicial de Nuevo León afirma que en breve pondrán en marcha un Observatorio de Sentencias con Perspectiva de Género, con el que podrán por primera vez, observar la penetración que la capacitación realizada ha tenido sobre la naturaleza de las sentencias.

“…habrá otra vertiente del Observatorio de Sentencias donde es totalmente ciego, en donde vamos a ver cuáles son los resultados de esta capacitación, nuestra evaluación interna, y cómo debemos de dirigir o direccionar ahora la capacitación con base a lo que nos arroje este observatorio de sentencias”, explica.

Señala que Nuevo León será el primer estado donde se presente un proyecto de este estilo, ya que a pregunta expresa reconoce que no tiene conocimiento de que ningún poder judicial estatal analice, mida o revise la aplicación de la perspectiva de género en sus sentencias.

El 28 de diciembre de 2018, María consiguió la libertad anticipada. Gracias a un “error” del sistema, - nunca la dieron de baja del Seguro Social-, pudo recuperar su empleo. Isabel, su madre, volvió a la ciudad de México, y ahora vive con una hermana. Afirma que ambas están tratando de retomar su vida, tras una estancia en prisión y un proceso lleno de irregularidades en los que no se tomó en cuenta en ningún momento su condición de mujer violentada psicológica, física y patrimonialmente por su pareja.

Para Consuelo Bañuelos, historias como la de María se tejen por cientos en los centros penitenciarios estatales: “En el sistema de impartición de justicia puede haber miles de leyes, cientos de artículos, pero si no se ven desde una visión humana, desde una visión donde se respete la calidad de hombre, la calidad de mujer, donde se respete a los niños y las niñas, entonces el avance se va a volver sumamente difícil”, concluye.